El señor concejal

Siempre a la última :  su seña de identidad.

El último gadget, la última moda, el último teléfono, todo muy actual y muy de diseño. Colores por doquier, pulseritas mezcladas con “caros relojes de cartier”, el último coche, el gps más sofisticado y mucho estrés y mucha prisa y mucho viaje.
Empieza las reuniones su segundo, él llega un cuarto de hora tarde y hablando por el móvil y, después, pide disculpas porque eso queda bien.
No lleva cinco minutos haciendo como que escucha la trabajada presentación del jefe de hacienda, que éste ha preparado durante el fin de semana en casa, y ha mirado diez veces el teléfono.
Éste, cuando alguien llama, vibra dos veces antes de sonar, tiene una tecla para evitar el sonido y, además,  se puede colocar en modo reunión para evitar las molestias.
Pero no, a los seis minutos el teléfono comienza a vibrar y lo mira, después se levanta con gran ruido de sillas, después el timbre del teléfono que no apaga, después se sale pero no cierra la puerta.
Y el jefe de hacienda espera para continuar.

Diez minutos de conversación en el quicio.

Un segundo para excusarse y dejar a diez personas pensando lo importante y lo ocupado que está el señor concejal.

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4 Comentarios

  1. Publicado 13 de Julio del 2009 en 17:55 | Permalink

    Elegido democráticamente. País.

  2. Publicado 21 de Julio del 2009 en 8:35 | Permalink

    Amplíese el concepto “concejal” a otros elementos que esté jerárquicamente elevados por encima de otras personas.

  3. Publicado 22 de Julio del 2009 en 21:23 | Permalink

    Leclercq tiene un librito titulado “Elogio de la pereza”. No puede ser más clásico ni más ajustado su contenido a lo que describes, aunque su texto es de 1948. Imagino, por tanto, que se trata de conductas que ponen de manifiesto hasta qué punto la vanidad es un mal que aqueja a la humanidad… Esa tendencia a mostrar “aparatosamente” que se es una persona ocupada, reclamada por todos, imprescindible… “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”.

  4. Publicado 23 de Julio del 2009 en 18:36 | Permalink

    Efectivamente Consuelo, vanidad de vanidades……
    Pero cuando la vanidad es absolutamente vana porque nada la soporta, entonces el vanidoso es simplemente tonto. Y, todos sabemos: Dios nos libre de los tontos….

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