
El caminante
Por el sendero que lleva a la colina de Koo los cedros oscurecen los pensamientos del caminante y la concentración se disipa aérea entre los pasos.
Los ojos caen en un duermevela suave mientras, lentamente, los pies se van yendo circulares entre inspiración y exhalación y el caminante pierde el sendero y el camino y cae presto por la barranquera que lo bordea.
Y abajo intenta subir y recuperar la vereda que lleva a la colina de Koo y volver al camino que conduce al templo; pero no la encuentra y desespera y busca y anda con la incertidumbre y la contrariedad prendida en la cara.
Dos horas lleva vagando entre cedros y matas, dos horas de angustia.
Dos horas en las que mil veces ha encontrado la vereda en sus pensamientos.
El caminante se ha sentado y ha llorado y ha añorado la monotonía del camino.
Iluso el caminante cree que se ha perdido.
El caminante ahora sabe cómo ir al templo que se encuentra a los pies de la colina de Koo.
Pero el caminante ahora sabe que iba hacia la colina de Koo.

