El caminante

El caminante

El caminante

Por el sendero que lleva a la colina de Koo los cedros oscurecen los pensamientos del caminante y la concentración se disipa aérea entre los pasos.

Los ojos caen en un duermevela suave mientras,  lentamente, los pies  se van yendo circulares entre inspiración y exhalación  y el caminante pierde el sendero y el camino y cae presto  por la barranquera que lo bordea.

Y abajo intenta subir y recuperar la vereda que lleva a la colina de Koo y volver al camino que conduce al templo; pero no la encuentra y desespera y busca y anda con la incertidumbre y la contrariedad prendida en la cara.

Dos horas lleva vagando entre cedros y matas, dos horas de angustia.

Dos horas en las que mil veces ha encontrado la vereda en sus pensamientos.

El caminante se ha sentado y ha llorado y ha añorado la monotonía del camino.

Iluso el caminante cree que se ha perdido.

El caminante ahora sabe cómo  ir al templo que se encuentra a los pies de la colina de Koo.

Pero el caminante ahora sabe que iba hacia la colina de Koo.

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